Los servicios de transporte de ferrys y góndolas fueron suspendidos, y las autoridades solicitaron que los ciudadanos de Venecia permanezcan en sus hogares hasta que se produzca el descenso de las aguas a su nivel habitual. Sin embargo, tanto los turistas como los propios venecianos asumieron el fenómeno con paciencia y hasta con humor. Muchos comercios siguieron funcionando pese a la inundación, algunos parroquianos siguieron sentados en las mesas de los bares e incluso el atrevido holandés Duncan Zuur se dio el gusto de hacer esquí acuático por los típicos canales y también sobre la Plaza de San Marcos, hasta que fue detenido por las fuerzas policiales acusado de perturbar el orden.
Luego de las fuertes lluvias, el nivel del mar Adriático está regresando lentamente a sus cotas normales, y de la inundación sólo quedará en pocos días el agridulce recuerdo para los habitantes de Venecia y los turistas que fueron testigos del inesperado suceso.
Las fotografías proporcionadas por el sitio The Big Picture y que aquí reproducimos, resultan más que elocuentes y retratan una serie de postales insólitas que alteraron por unos días la rutina veneciana.



